CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica Aquello que debemos llamar «bueno» ha de suponer un objeto de la capacidad desiderativa \ a juicio<Ak. V, 61> de cualquier ser humano razonable, y lo «malo» tiene que constituir un objeto aborrecible ante los ojos de cada cual; por consiguiente, para este dictamen se precisa de la razón más que del I sentido. Asà sucede[A 107] con la veracidad en contraposición a la mentira, con la justicia en oposición a la violencia, etc. Pero podemos calificar como «malo» (übel) algo que al mismo tiempo cualquiera ha de considerar «bueno» (gut) ya sea mediata o inmediatamente. Quien se somete a una operación quirúrgica la siente sin duda como un mal fÃsico, pero tanto él como cualquier otro lo consideraran algo bueno merced a la razón. Pero si quien gusta de hostigar e intranquilizar a los amantes de la paz tropieza finalmente con alguien que le propina una buena tunda, tal cosa supone desde luego un mal fÃsico, pero cualquiera le concederá su asentimiento y lo tendrá por algo bueno de suyo, aun cuando no se derivara nada más de ahÃ; e incluso el propio apaleado ha de reconocer en su razón que se le ha hecho justicia, al ver aquà ejecutada con exactitud aquella proporción entre bienestar y buen comportamiento que la razón le presenta inevitablemente.