CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica De ser esto asÃ, no son únicamente los novelistas o los educadores sentimentales (por muy en contra de la sensiblerÃa que se muestren), sino a veces los propios filósofos e incluso los más rigurosos entre ellos, cual es el caso de los estoicos[139], quienes han introducido el fanatismo moral en lugar de la más sobria, pero también más sabia, disciplina de las costumbres, aun cuando el fanatismo estoico fuera más heroico y el otro sea de condición más untuosa e insÃpida. Sin ser un hipócrita, y haciendo honor a la verdad, cabe afirmar que la doctrina moral del Evangelio fue pionera, gracias a saber ajustar la pureza del principio[A 154] moral I con las limitaciones propias de seres finitos, en someter cualquier comportamiento del ser humano a la sujeción de un deber puesto ante sus ojos, el cual no les permite fantasear con las ensoñaciones de una perfección moral, colocando a esa pareja que tanto gusta de ignorar sus lÃmites, la vanidad y el amor propio tras las barreras de la humildad (o sea, del autoconocimiento).