CrÃtica de la razón pura
CrÃtica de la razón pura En cambio, en la sÃntesis transcendental de lo múltiple de las representaciones en general, por tanto en la unidad sintética originaria de la apercepción, tengo conciencia de mà mismo, no como me aparezco ni tampoco cómo soy en mà mismo, sino solamente de que soy. Esa representación es un pensamiento, no una intuición). Ahora bien, como para el conocimiento de nosotros mismos se exige —además de la acción del pensar, que reduce a la unidad de la apercepción lo múltiple de toda intuición posible— una determinada especie de intuición, por la cual es dado ese múltiple, asà resulta que mi propio ser no es ciertamente fenómeno (y mucho menos mera ilusión), pero la determinación de mi existencia[72] sólo puede ocurrir según la forma del sentido interno, en el modo particular como lo múltiple, que yo enlazo, es dado en la intuición interna; según esto pues, no tengo conocimiento, alguno de mà mismo, tal como soy, sino sólo tal como me aparezco a mà mismo. Tener de sà mismo conciencia no es pues, ni con mucho, un conocimiento de sà mismo, prescindiendo de todas las categorÃas que constituyen el pensar de un objeto en general por enlace de lo múltiple en una apercepción. Asà como para el conocimiento de un objeto distinto de mÃ, necesito, además del pensamiento de un objeto en general (en la categorÃa), una intuición, por la cual determino aquél concepto general, de igual modo necesito también para el conocimiento de mà mismo, además de la conciencia o además de pensarme, una intuición de lo múltiple en mÃ, por la cual determino aquel pensamiento; y yo existo como inteligencia, que tiene conciencia tan sólo de su facultad de enlazar, pero que, sometida, con respecto a lo múltiple que debe enlazar, a una condición restrictiva llamada sentido interno, no puede hacer intuible aquel enlace sino según relaciones de tiempo, las cuales están fuera de los conceptos propiamente dichos del entendimiento, y no puede por tanto conocerse más que como se aparece a sà misma, con referencia a una intuición (que no puede ser intelectual y dada por el mismo entendimiento), y no como se conocerÃa, si su intuición fuera intelectual.