Fundamentación de la metafísica de las costumbres
Fundamentación de la metafísica de las costumbres El autor de la Fundamentación nos deja bien claro que no se da por satisfecho con su sola propuesta de formulación de la ley moral como mera forma de la legalidad sin contenido particular. El insiste por añadidura en que para lograr este resultado no se ha apartado en nada del sentido moral del hombre común:
con todo esto concuerda perfectamente la razón vulgar de los hombres en sus juicios prácticos, y el principio citado no se aparta nunca de sus ojos.[3]
La verdad es que, en principio, no tenemos por qué discrepar de la tesis kantiana de que la tensión dialéctica entre inclinación y deber sólo se le presenta a una voluntad como la nuestra, sujeta a la animalidad, mientras que en una hipotética voluntad exenta de tal sujeción (una naturaleza racional no humana), la ecuación entre inclinación (no sensible) y bien podría ser perfecta. Pues si la voluntad del hombre puede ser buena, pero tan difícilmente santa, es porque en su naturaleza, reconoce Kant, la razón está mezclada con la animalidad. Ahora bien, al sentido moral del hombre común le cuesta entender que, siendo su naturaleza de hecho mixta, se le exija el heroísmo de comportarse como si esa naturaleza fuese pura o inmixta. ¿Por qué, siendo yo un ser racional con raíces en la animalidad tengo que comportarme como si no las tuviera en absoluto?
