Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo Si la excentricidad no tuviese otras causas, serÃa bastante pequeña en todas partes; también serÃa menor en los planetas pequeños y más alejados del sol que en los grandes y más cercanos, si es que se da por seguro que las partÃculas de la materia elemental mantenÃan antes efectivamente exactos movimientos circulares. Como estas determinaciones no coinciden con las observaciones, ya que, como lo dijimos, la excentricidad aumenta con la distancia del sol y la pequeñez de las masas parece constituir más bien una excepción en favor de un aumento de la excentricidad como lo vemos en Marte, estamos obligados a limitar la hipótesis del movimiento circular exacto de las partÃculas de la materia elemental en el sentido de que en las regiones cercanas al sol las dejamos acercarse mucho a esta exactitud de determinación, pero que las dejamos desviarse de ella en la medida en que estas partÃculas elementales se hallaban suspendidas más lejos del sol. Esta restricción del principio del libre movimiento circular de la materia elemental es más adecuada a la naturaleza. Pues no obstante la tenuidad del espacio que parece dejarles libertad para reducirse mutuamente al punto de la igualdad perfectamente equilibrada de las fuerzas centrales, no son menos considerables las causas que impiden la ejecución de esta finalidad de la naturaleza. Cuanto más lejos del sol se hallan las partÃculas dispersas de la materia elemental, tanto más débil es la fuerza que las obliga a caer. La resistencia de las partÃculas inferiores que inclina su caÃda lateralmente y lo obliga a adoptar un movimiento vertical con respecto al radio del cÃrculo, disminuye en la medida en que ellas se retiran ante él para incorporarse al sol o iniciar movimientos circulares en zonas más cercanas. La especial liviandad especÃfica de estos materiales provenientes de mayor altura no les permite efectuar el movimiento de caÃda que es la causa de todo, con la fuerza necesaria para hacer ceder las partÃculas que se oponen. Y suponiendo aun que estas lejanas partÃculas se limiten mutuamente, para llegar finalmente después de un largo perÃodo, a esta uniformidad, ya se habrán formado mientras tanto debajo de ellas pequeñas masas que son el comienzo de otros tantos cuerpos siderales los que, condensándose de materia débilmente movida, sólo tienen en su, caÃda hacia el sol movimiento excéntrico y, aun cuando por la incorporación de partÃculas más veloces en el camino son desviadas cada vez más de la caÃda vertical, quedan no obstante al final cometas cuando los espacios en que se han formado, han sido limpiados y vaciados por la atracción del sol y la formación de aglomeraciones especiales. Ésta es la causa por la cual con la distancia del sol aumenta la excentricidad de los planetas y de aquellos cuerpos siderales que son llamados cometas porque en esta calidad superan notablemente a los primeros. Existen por cierto dos excepciones más que interrumpen la ley del incremento de la excentricidad con la distancia del sol, las que se observan en los dos planetas más pequeños de nuestro sistema: Marte y Mercurio. Pero en lo referente al primero, la causa debe atribuirse probablemente a la vecindad del tan poderoso Júpiter que, al privar por su atracción a Marte por su lado de todas las partÃculas necesarias para su formación, le deja sólo el lado del sol para su expansión, imponiéndole asà un exceso de fuerza central y excentricidad. Pero en lo que se refiere a Mercurio, el más interior, pero también el más excéntrico de los planetas, es fácil comprender que el sol cuya velocidad giratoria está lejos de igualar la velocidad de Mercurio, opone a la materia del espacio que lo rodea tanta resistencia que no sólo privarÃa a las partÃculas más inmediatas de su movimiento central, sino que podrÃa también extender esta resistencia fácilmente hasta Mercurio, reduciendo asà considerablemente la velocidad de su movimiento.