Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo La tendencia de un planeta de formarse del volumen de la materia elemental, es al mismo tiempo la causa de su movimiento de rotación y produce las lunas que han de girar alrededor de él. Lo que el sol con sus planetas es en medida mayor, lo representa un planeta que tiene una extensa esfera de atracción, en una medida menor, a saber la pieza principal de un sistema cuyas partes han sido puestas en movimiento por la atracción del cuerpo central. Al poner en movimiento para su formación las partículas de la materia elemental en todo el volumen, el planeta producirá durante el proceso de su formación, de la influencia recíproca que todos estos movimientos de caída ejercen unos sobre otros, movimientos circulares que al final todos han de tomar una dirección común y de los cuales una parte recibirá la moderación conveniente del libre curso circular, moderación que los hace acercarse a un plano común. En este espacio se formarán igual que alrededor del sol los planetas principales, alrededor de éstos las lunas, si la fuerza de atracción de los planetas es suficientemente extensa para presentar circunstancias favorables a su creación. Lo que hemos dicho con respecto al origen del sistema solar, podrá naturalmente ser aplicado con suficiente analogía al sistema de Júpiter y de Saturno. Los satélites han de coordinar sus órbitas todas en un mismo sentido y casi sobre un plano, y ello por los mismos motivos que determinan esta analogía en la medida mayor. Pero ¿por qué se mueven estos satélites en su dirección común hacia el lado en que corren los planetas, en vez de cualquier otro lado? No siendo producidas sus revoluciones por los movimientos circulares y siendo la causa únicamente la atracción del planeta principal, todas las direcciones son iguales y un detalle casual decidirá cuál de todas las posibles tomará el movimiento de caída de la materia al transformarse en círculo. En efecto, el curso circular del planeta principal no contribuye en nada para imprimir a la materia de la cual se formarán sus satélites, las revoluciones que realizará alrededor de él. Todas las partículas que rodean al planeta, participan del movimiento de éste alrededor del sol y se hallan por lo tanto en reposo con respecto al planeta. La atracción del planeta por sí sola hace todo. Pero el movimiento circular que debe nacer de ella sin que exista preferencia con respecto a las posibles direcciones, sólo necesita una pequeña determinación proveniente de afuera para iniciarse más bien en una dirección que en otra. Y este pequeño grado de determinación lo recibe del avance de las partículas elementales que acompañan al planeta, pero con mayor velocidad, en su revolución alrededor del sol, hasta que entran en la esfera de atracción del planeta. Porque debido a ésta, las partículas más cercanas al sol y que giran con una velocidad mayor, son obligadas a abandonar su dirección originaria cuando se hallan aún lejos, y a levantarse por encima del planeta en una desviación oblonga. Teniendo un mayor grado de velocidad que el planeta mismo en el momento de ser atraído hacia éste, imprimen a su caída rectilínea y también a la caída de las otras partículas una desviación de Occidente hacia Oriente, y esta ligera influencia es suficiente para provocar que el movimiento curvilíneo en que se transforma la caída, tome más bien ésta que cualquier otra dirección. Por esta causa, todas las lunas coincidirán en su dirección con la dirección de la revolución del planeta principal. Pero tampoco los planos de sus órbitas pueden desviarse mucho del plano de las órbitas planetarias, porque la materia de la cual se forman, es conducida por la misma causa que hemos aducido para la dirección en general, a la más exacta determinación de la dirección, es decir la coincidencia con el plano de los círculos principales.