Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo Hallándose pues un punto ubicado en un espacio muy grande donde la atracción de los elementos en él contenidos se extiende en todas direcciones con mayor fuerza que en otras partes, han de caer hacia este punto todas las partÃculas elementales dispersas sobre toda la extensión. La primera consecuencia de esta caÃda general es la formación de un cuerpo en este centro de atracción que, para decirlo asÃ, desde un germen minúsculo va ir creciendo en grados acelerados, pero a medida que aumenta su masa, tendrá mayor fuerza para obligar las partÃculas circundantes a reunÃrsele. Cuando la masa de este cuerpo central ha crecido tanto que la velocidad con la cual atrae hacia sà las partÃculas desde largas distancias, sea desviada lateralmente por los débiles grados de repulsión con que las partÃculas entrechocan, y se transforme en movimientos laterales, capaces de rodear totalmente al cuerpo central mediante la fuerza centrÃfuga, entonces se producen grandes remolinos de partÃculas de las cuales cada una describe lÃneas curvas debido a la composición, de las fuerzas de atracción central y de desviación lateral, órbitas que se entrecruzan, ya que su gran dispersión en este espacio les deja suficiente lugar para ello. Pero estos movimientos que en más de un sentido se hallan en pugna entre sÃ, tienden naturalmente a equilibrarse, es decir, a llegar a un estado en que un movimiento estorbe lo menos posible al otro. Ello lo consiguen primero al limitar cada partÃcula el movimiento de otra hasta que todas continúen en una misma dirección; segundo, al limitar las partÃculas su movimiento vertical, por el cual se acercan al centro de atracción, hasta que todas se muevan horizontalmente, es decir en cÃrculos paralelos alrededor del sol como centro, dejando asà de cruzarse y conservándose, debido a la igualdad existente entre la fuerza propulsora y la fuerza de caÃda, en libres cÃrculos a la altura donde se hallan. Asà quedarán finalmente en la extensión del espacio sólo aquellas partÃculas que por su caÃda han obtenido una velocidad y por la resistencia de las otras una dirección que les permiten continuar un libre movimiento circular. En este estado de cosas, cuando todas las partÃculas corren en una sola dirección y en cÃrculos paralelos, es decir, en libres movimientos circulares alrededor del cuerpo central, ha terminado la pugna y la competencia de los elementos y todo se halla en el estado de la más mÃnima influencia mutua. Ésta es la consecuencia natural a que llega siempre una materia sometida a movimientos contradictorios. Es pues evidente que de la multitud dispersa de partÃculas una gran cantidad debe llegar, debido a la resistencia con la cual tratan de llevarse mutuamente hacia aquel estado, a tal exactitud de las determinaciones, aunque una cantidad aun mayor no llega a ella y sólo sirve para aumentar la masa del cuerpo central hacia el cual caen al no poderse mantener libremente en su altura primitiva, cruzando los cÃrculos de las partÃculas situadas más abajo y perdiendo finalmente por la resistencia de éstas todo movimiento. Este cuerpo situado en el centro de la atracción que por consiguiente ha llegado a ser, por la cantidad de materia reunida en él, la pieza principal del edificio planetario, es el sol, si bien entonces no tiene todavÃa aquel hervor de fuego que estallará en su superficie una vez terminada la formación.