Historia natural y teoria general del cielo

Historia natural y teoria general del cielo

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La formación de los planetas en este sistema tiene frente a cualquier otra posible teoría la ventaja de que el origen de las masas presenta también el origen de los movimientos y la ubicación de los círculos en un mismo tiempo, más aún, que tanto las desviaciones de la máxima exactitud de estas determinaciones como sus coincidencias se hacen evidentes de un solo golpe de vista. Los planetas se forman de aquellas partículas que en la altura en que se hallan suspendidas, tienen movimientos exactamente circulares: por consiguiente, las masas compuestas por ellas, han de continuar los mismos movimientos con la misma velocidad y en la misma dirección. Esto basta para comprender por qué los movimientos de los planetas son aproximadamente circulares y sus círculos casi se hallan sobre un mismo plano. Hasta llegarían a recorrer círculos exactísimos[3], si el espacio en que reúnen los elementos para su formación, fuera muy pequeño y por consiguiente la diferencia de sus movimientos muy reducida. Pero como se necesita un espacio amplio para que del tenue elemento tan disperso en los cielos se forme el denso conglomerado de un planeta, ya no será insignificante la diferencia de las distancias en que estos elementos se hallan con respecto al sol, y con ello la diferencia de sus velocidades. Sería pues necesario, para conservar al planeta a pesar de la diferencia de movimiento, la igualdad de las fuerzas centrales y la velocidad circular, que las partículas que desde distintas alturas y con distintas velocidades se juntan sobre él, compensen entre sí una la deficiencia de la otra, lo que, aunque se realiza en efecto con bastante exactitud, tiene por consecuencia la disminución del movimiento circular y la excentricidad de la órbita, puesto que algo falta en esta compensación exacta[4]. Se explica no menos fácilmente que, si bien las órbitas de todos los planetas deberían estar sobre un plano, se hallará aquí también cierta desviación, puesto que, como ya dije, las partículas elementales que se hallan lo más cercanos posible en el plano general de sus movimientos, abarcan sin embargo algún espacio a ambos lados. Sería un azar demasiado feliz que precisamente todos los planetas habrían de empezar a formarse exactamente en el centro entre estos dos lados en el propio plano de relación, lo que ya provoca cierta inclinación entre sus círculos, limitada estrechamente por la tendencia de las partículas de reducir a un mínimo desde ambos lados esta desviación. No hay que extrañarse pues, si aquí tampoco se encuentra la máxima exactitud de las determinaciones, como en ninguna parte de la naturaleza, puesto que en general la variedad de las condiciones que contribuye a cada estado de la naturaleza, no permite una regularidad bien medida.


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