Pedagogía
Pedagogía Se ha de procurar que el adolescente se estime por sí mismo y no por los otros. La estimación de otro, en la que no se determina el valor del hombre, es vanidad. Además, hay que incitarle a tener conciencia de todas las cosas y a no esforzarse sólo en parecer, sino en ser. Hay que prevenirlo para que en ninguna circunstancia se convierta en vana resolución la resolución que haya tomado. Es preferible no formar ningún proyecto y dejar la cosa en duda. Hay que enseñarle la sobriedad en las circunstancias exteriores y la paciencia en los trabajos: sustine y abstine; también la frugalidad en las diversiones. Se llegará a ser un miembro apto de la comunidad y se preservará del fastidio, no sólo no deseando los placeres, sino también siendo paciente en sus tareas.
Hay que enseñar, además, al adolescente la alegría y buen humor. El gozo de corazón nace de no tener que reprocharse nada, así como la igualdad del humor. Se puede llegar por el ejercicio a mostrarse siempre de buen humor en sociedad.
Han de mirarse muchas cosas siempre como deber. Una acción ha de serme valiosa, no porque concuerde con mi inclinación, sino porque mediante ella cumplo mi deber.
También se ha de desenvolver el amor a los otros y después los sentimientos cosmopolitas.