Pedagogía
Pedagogía Hemos aludido, en fin, al valor atribuido a Kant por los defensores de cierta idea de escuela laica. Es una necesidad de la moral kantiana que sea formulado el postulado de la libertad, pues sin ésta no es posible moralidad alguna. No lo son tanto los postulados de la existencia de Dios y la inmortalidad del alma, que probablemente responden, paradójicamente, a necesidades más prosaicas. Pero, ciñéndonos a nuestro autor, Dios aparece de nuevo como la condición que permite que el hombre asuma como deber lo que debe llevarle a la perfección, así como hace que tal perfección se convierta en objetiva de la voluntad del hombre. «En efecto, ni en la teología trascendental ni en la teología natural, tan lejos como la razón puede conducirnos, encontramos ningún motivo importante que nos autorice a admitir un ser único y no tendríamos ninguna razón suficiente para colocarlo en la cumbre de todas las causas naturales, y para hacer depender, al mismo tiempo, todas estas causas bajo todas las relaciones. Al contrario, cuando desde el punto de vista de la unidad moral como ley necesaria del mundo, pensamos en la sola causa que puede hacerle producir todo su efecto proporcionado, y por consiguiente, darle una fuerza obligatoria para nosotros, no debe haber, por tanto, más que una voluntad única suprema que comprende en sí todas estas leyes.»[32] En otras palabras: la moralidad no se sostiene sin Dios; o, si los hombres son inocentes, Dios debe ser responsable, si la moral no puede encontrar en sí misma la fuerza que la convierta en obligatoria, la religión deberá encargarse de ello. El postulado de la inmortalidad del alma se infiere para Kant, simplemente, de que, siendo objetivo de la voluntad del hombre el progreso moral hacia la perfección, no puede aceptar que esta corta y pobre vida sobre la tierra sea la única, por lo que el alma debe ser inmortal. La artificiosidad de la construcción es evidente, hasta el punto de que el mismo Cassirer haya debido admitir que el carácter de los postulados de la razón práctica no parece estar fuera de toda duda, ni siquiera dentro del sistema kantiano.[33]
