Pedagogía

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En cualquier caso, Kant retoma de alguna forma la idea roussoniana de la religión natural y la de la conformidad de la religión con la razón de Locke, al menos en sus efectos. La moral, puesto que se basa en el carácter autónomo de la voluntad humana, no necesita ni debe ser reforzada con la idea de un ser supremo (aunque esto parece estar en contradicción con los argumentos de conveniencia que acabamos de citar). En todo caso, se llega a Dios a través de la moralidad, pero no se debe llegar a la moralidad a través de la religión. Ésta es la idea que Kant desarrolló en La religión dentro de los límites de la mera razón, obra escrita pocos años antes de su muerte y que le valió la prohibición de enseñar sus ideas religiosas desde la cátedra, prohibición a la que se atuvo pero sin retractarse. «La moral», dice Kant, «en la medida en que se funda en el concepto del hombre como un ser libre, pero también, por lo mismo, atado, por su razón, a preceptos imprescindibles, no necesita ni la idea de otro ser por encima del él (el hombre) para reconocer su deber, ni ningún otro estímulo que el precepto mismo para cumplirlo. Por lo menos es su propia culpa si surge de él tal necesidad, que entonces no pueda ser satisfecha con ninguna otra cosa; porque lo que no surja de sí mismo y su libertad, no ofrece ninguna compensación para las carencias de su moralidad (…) Por tanto, en absoluto necesita para la finalidad de sí misma (tanto objetiva, relativa al querer, como subjetiva, relativa al conocer) de la religión, sino que, mediante la razón pura práctica, es autosuficiente.»[34] La religión, como el imperativo categórico, es única, pero pueden existir muchos credos religiosos, que se acercarán más o menos a la religión verdadera.


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