Pedagogía

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Con una clarividencia poco habitual en él, Ortega y Gasset escribiría algo en lo que no se le puede dejar de dar la razón: «En la obra de Kant están contenidos los secretos decisivos de la época moderna, sus virtudes y limitaciones (…) Con gran esfuerzo me he evadido de la prisión kantiana y he escapado a su influjo atmosférico. No han podido hacer lo mismo los que en su hora no siguieron largo tiempo su escuela. El mundo intelectual está lleno de gentileshombres burgueses que son kantianos sin saberlo, kantianos a destiempo, que no lograrán nunca dejar de serlo porque no lo fueron antes a conciencia. Estos kantianos irremediables constituyen hoy la mayor rémora para el progreso de la vida y son los únicos reaccionarios que verdaderamente estorban.»[1]

Uno de los mejores ejemplos que pueda hallarse de «kantiano sin saberlo», de kantiano espontáneo, es el de Pestalozzi, que con Leonardo y Gertrudis, Cómo Gertrudis educa a sus hijos, Mis investigaciones sobre el curso de la naturaleza en el desarrollo del género humano y con sus escuelas de Burgdorf e Yverdon, marcó el futuro de la educación y la pedagogía alemanas. Fichte, quien también tuvo una influencia considerable en la materia con sus Discursos a la nación alemana, quien se creía a sí mismo el mejor y más fiel continuador de Kant —aunque éste no creyera lo mismo sobre el discípulo— vio siempre en Pestalozzi la mejor traducción del maestro al terreno de la educación.


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