Triple
Triple El puerto clandestino de Libia está envuelto en penumbras, iluminado apenas por los faros de los camiones que esperan cargar el uranio. Nat Dickstein observa desde un rincón oscuro, sintiendo cómo la tensión le presiona el pecho. El calor del desierto, incluso de noche, lo sofoca, pero es el peligro invisible lo que lo mantiene alerta. Sabe que cualquier error será fatal.
Un grupo de hombres armados supervisa la transferencia de los barriles desde el barco hacia los camiones. Entre ellos está el oficial egipcio, cuya mirada perspicaz se mueve entre los trabajadores. Nat nota algo que lo inquieta: un segundo hombre, vestido de civil, parece estar dando órdenes desde las sombras. ¿Quién es él? ¿Un intermediario libio? ¿Un comprador extranjero? Su instinto le dice que este hombre es más importante de lo que parece.
Aprovechando la confusión, Nat se cuela entre las filas de contenedores. Su objetivo es claro: sabotear la operación antes de que los barriles lleguen a su destino. En su mochila lleva un pequeño explosivo diseñado para parecer un accidente mecánico. Si lo coloca en el camión correcto, el uranio quedará inutilizado sin levantar sospechas inmediatas.
Cuando está a punto de colocarlo, una voz rompe el silencio: —¡Alto ahÃ! —grita alguien detrás de él.
