Triple
Triple El aire en la sala de reuniones es denso. Frente a él, un general israelà enciende un cigarrillo con manos firmes y ojos que han visto demasiada muerte. —Nat, tenemos información de que Egipto está cerca de obtener el uranio necesario para fabricar una bomba nuclear —dice, dejando que sus palabras caigan como un peso imposible de levantar. —¿Y cuál es mi papel en todo esto? —responde Dickstein, sabiendo que la respuesta podrÃa cambiarlo todo. —Tendrás que robarlo antes de que lo consigan.
Dickstein contiene la respiración. No es un robo cualquiera; es un salto al vacÃo, una operación tan peligrosa que un solo error podrÃa desatar una guerra. Pero él asiente. No porque quiera hacerlo, sino porque sabe que no tiene otra opción.
La narrativa cambia de escenario y nos lleva al puerto de Hamburgo, donde el uranio es transportado en un barco oculto bajo registros falsos. AquÃ, entre las sombras de los contenedores y los ojos de vigilantes corruptos, se teje una red de engaños. Dickstein se infiltra, sus movimientos calculados como un reloj suizo. Cada mirada, cada gesto es una pieza en el tablero de ajedrez. Pero un espÃa egipcio, vestido como un simple marinero, lo observa desde la distancia, sospechando.
