Triple
Triple La luna se refleja en las aguas tranquilas del puerto de AlejandrÃa mientras Nat Dickstein se mueve como una sombra entre las cajas y los contenedores. Cada paso es una apuesta, cada movimiento un riesgo calculado. El almacén que alberga el uranio está custodiado por soldados egipcios, pero su atención está puesta en la carga oficial, no en un hombre que parece ser parte del paisaje.
Dentro del almacén, el aire huele a metal oxidado y aceite viejo. Nat encuentra los barriles que buscaba, escondidos detrás de un falso muro. Mientras inspecciona el contenido, escucha el eco de botas acercándose. Su corazón late rápido, pero mantiene la calma. Rápidamente, se oculta tras una pila de cajas mientras los soldados revisan el lugar.
—¿Todo está listo para el traslado? —pregunta un oficial con voz autoritaria. —SÃ, señor. Los camiones partirán al amanecer —responde un soldado.
Nat sabe que el tiempo se agota. Cuando los soldados se retiran, se acerca al cargamento y coloca discretamente un dispositivo de rastreo. Si todo sale según su plan, podrá seguir la pista del uranio hasta su destino final. Pero algo lo detiene: una figura emerge de las sombras, apuntándole con una pistola.
