La Selección
La Selección Esa noche, America apenas pudo dormir. La amenaza de los rebeldes era real, pero lo que la mantenÃa despierta era la creciente sospecha de que, tal vez, el palacio no era solo un lugar de competencia, sino un terreno donde las sombras se movÃan más allá de lo que alcanzaba la vista.
Los dÃas en el palacio continuaron como un espectáculo interminable de vestidos deslumbrantes, banquetes elaborados y competencias cuidadosamente disfrazadas de eventos sociales. Pero para America, todo parecÃa una farsa brillante. Las demás chicas luchaban por acercarse a Maxon, ensayando sonrisas y frases encantadoras, mientras ella se mantenÃa al margen, observando cómo las máscaras caÃan en los momentos de descuido.
—¿Sabes? PodrÃas intentarlo —le dijo Marlee una mañana mientras compartÃan el desayuno en la terraza—. Maxon parece interesado en ti, y no creo que esté fingiendo. —¿Y para qué? —replicó America, mirando la taza de té entre sus manos—. ¿Para convertirme en alguien que no soy? ¿Una princesa decorativa? No, gracias.
Sin embargo, algo estaba cambiando. Maxon parecÃa buscarla más seguido. No con la misma actitud que tenÃa hacia las demás, sino con una curiosidad auténtica que la desarmaba. Durante una de sus caminatas por los jardines, ella rompió el silencio.
