La Selección
La Selección El enfrentamiento dejó a America inquieta, pero no lo suficiente como para distraerla de los rumores que seguían creciendo en los pasillos. Los ataques rebeldes se intensificaban, y el descontento entre las castas bajas estaba en su punto máximo. Una noche, durante una cena oficial, el rey hizo un anuncio.
—La seguridad del reino es nuestra prioridad. Estamos tomando medidas más estrictas para mantener el orden.
El tono de su voz no admitía cuestionamientos, pero America no pudo evitar notar la tensión en Maxon, sentado a su lado, mirando su plato con el ceño fruncido.
Más tarde, en un momento a solas, ella no pudo evitar preguntarle. —¿Crees que las medidas más estrictas resolverán algo?
Maxon suspiró, dejando a un lado su máscara de calma. —No. Pero aquí, lo que importa no es lo que creo, sino lo que debo hacer.
Sus palabras resonaron en ella durante horas. ¿Qué tanto sacrificio se necesitaba para cumplir con las expectativas de un papel que no pediste?
Sin embargo, los sacrificios no se limitaban a Maxon. Esa misma noche, Aspen apareció en los jardines, vestido con el uniforme de la guardia real.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó America, sintiendo que el suelo se movía bajo sus pies.