La Selección
La Selección —¿Puedo pasar? —preguntó, asomando la cabeza con una sonrisa tímida. —Claro. Necesito hablar con alguien que no esté planeando su boda con el príncipe.
Marlee se sentó en el borde de la cama, su expresión cambiando a una mezcla de emoción y ansiedad.
—¿Sabes? Creo que Maxon no es tan malo como parece. Hoy me sonrió, y… bueno, hay algo en él que parece genuino.
America rodó los ojos. —Si es tan genuino, ¿por qué necesita que organicen un concurso para encontrarle esposa?
Marlee soltó una risita, pero luego se inclinó hacia ella con seriedad. —Tal vez esta no sea tu idea de un sueño, America, pero puede ser algo más. Algo que podría cambiar tu vida… si se lo permites.
Las palabras de Marlee quedaron flotando en el aire mucho después de que se fuera. Esa noche, mientras trataba de dormir, America escuchó los ruidos lejanos del palacio: el crujir de los muebles, los pasos de los guardias… y, en algún lugar más allá, el eco distante de una explosión.
Los rebeldes.
El recordatorio de que incluso detrás de esas puertas doradas, el peligro acechaba. Y tal vez, solo tal vez, ese mundo no era tan perfecto como aparentaba ser.
