La Selección
La Selección El palacio, con su esplendor y extravagancia, pronto reveló su verdadero rostro: un campo de batalla cubierto de lentejuelas. Cada chica, con sus sonrisas perfectas y vestidos impecables, era una competidora dispuesta a todo para ganar la atención del príncipe Maxon. America caminaba entre ellas como si navegara un terreno minado, sabiendo que un paso en falso podría sellar su destino.
El primer encuentro oficial con Maxon llegó más rápido de lo que esperaba. La invitaron a los jardines al atardecer, donde él la esperaba junto a una fuente que reflejaba la luz del sol poniente. A pesar de su aparente serenidad, America sintió cómo la tensión se apoderaba de su cuerpo.
—Señorita Singer —dijo él, con una sonrisa ligera—. ¿Cómo encuentra el palacio hasta ahora? America se cruzó de brazos. —Es… impresionante, supongo. Pero no me malinterprete, Su Alteza. No estoy aquí para impresionarme.
Maxon levantó una ceja, intrigado por la franqueza de sus palabras. —¿Entonces por qué estás aquí?
—Porque mi madre cree que esto es la solución a todos nuestros problemas —respondió, sin esconder el desdén en su voz—. Pero yo no estoy interesada en coronas ni castillos.
