Diario de un seductor
Diario de un seductor ¡Cosa extraña! En mis reflexiones de esos últimos dÃas, jamás dudé de que ella me contestarÃa con un «sû, de conseguir tomarla desprevenida. Eso demuestra lo poco que valen los preparativos: nada ocurrió tal como yo lo esperaba. Cordelia no dijo ni que sà ni que no. Debà haberlo previsto. Por lo demás, la suerte no deja de favorecerme pues el resultado fue mejor de lo que esperaba. Cordelia me dijo que me dirigiese a la tÃa. Esta dio su consentimiento, del que no dudé nunca, y Cordelia siguió el consejo de la tÃa…
Mi compromiso no fue demasiado poético… No puede ufanarme gran cosa. Por el contrario, resultó muy prosaico y burgués. La muchacha no sabe decidirse a decir ni que sà ni que no: la tÃa dice que sÃ; la muchacha dice que sà a su vez; yo acepto a la muchacha y ella me acepta a mÃ… Y ahora debe comenzar la historia…
Por tanto, estoy prometido. Y Cordelia también. Eso es más o menos lo que ella sabe. Si tuviera una amiga para sus confidencias, le dirÃa:
No llego a comprender lo que todo esto significa. Hay algo que ignoro que me atrae hacÃa él, pero no puedo explicarlo. ¡El ejerce sobre mà una fuerza de atracción muy extraña! ¿Quieres saber si le amo? No, eso no y, además, nunca podrá amarle. En cambio, podrá vivir con él y ser feliz; desde luego no me exige mucho y le basta con que yo sepa adaptarme a vivir con él.
