Diario de un seductor
Diario de un seductor Pude haberme ofrecido para acompañarlas, pero no me agradaba aparecer en seguida como caballero escolta, pues comprendà que bajo ese aspecto nada hubiese ganado.
Una vez se hubieron ido, decidà marcharme yo también y tomé una calle distinta, pero en la misma dirección y con paso mucho más rápido que las muchachas. De esta manera cuando doblaron la calle del Rey, pasé ante ellas de prisa y sin saludarlas, lo que las debió asombrar.
He de conseguir algún medio de poder entrar en su casa no tengo más remedio y con seguridad que será necesario maniobrar mucho para vencer los obstáculos, que no son pocos.
Jamás conocà a una familia que viva tan retirada. Sólo la forman ella y su tÃa; Cordelia no tiene hermanos, ni primos, ni parientes lejanos con quienes relacionarse. ¡Es terrible vivir de esta forma tan aislada!
La pobrecita no tiene modo de conocer el mundo.
