Diario de un seductor
Diario de un seductor No obstante, este retiro sirve para guardarse de los ladronzuelos de los tesoros del amor; en una casa en la que entra y sale mucha gente, la ocasión hace al ladrón… aunque, por lo general, NO HAY MUCHO QUE LLEVARSE de muchachas excesivamente acostumbradas a la vida mundana. En tales corazones, a los dieciséis años hay inscritos tantos otros corazones que a mà no me importa lo más mÃnimo figurar o no en su número. Jamás grabé mi nombre ni mis iniciales siquiera en los cristales de una ventana, de un árbol o en un banco del paseo público…
Cada vez estoy más convencido de que ella vive en una absoluta soledad.
Un ser humano no debe vivir asÃ, sobre todo si es joven, pues su evolución y su desarrollo dependen casi siempre de una meditación interior de los hechos exteriores y, por tanto, ha de estar en relación con otras personas.
No me gustan las jóvenes que se consideran interesantes, pues sólo se llega a serlo tras un estudio de uno mismo, igual que en lo interesante se exhibe siempre la persona del artista. Una señora que pretenda gustar por ser interesante, ha de comenzar por agradarse a sà misma. Esto no es bonito: constituye una de las desventajas que la estética puede reprochar a la coqueterÃa.
