Diario de un seductor
Diario de un seductor En manos ineptas, Cordelia perderÃa su femineidad, precisamente por ser tan auténticamente femenina.
Nuestros caminos coinciden en todas partes.
Hoy la vi tres veces: ahora ya no se me ocultan ni siquiera su más breves salidas. Pero no aprovecho la oportunidad para encontrarme con ella. Aprovecho el tiempo. He esperado horas y más horas para tener algún contacto con su vida exterior, no para encontrarla.
Cuando sé que va a casa de la señora Jansen, no me agrada coincidir allà con ella, siempre que no deba hacer alguna observación particularÃsima. Prefiero ir allà un rato antes y procuro encontrarla en la puerta o por la escalera, de modo que mientras ella llega yo me voy y paso por su lado con la mayor indiferencia. Esta es la primera trampa en la que debe caer.
Por la calle, jamás le dirijo la palabra: cambio un saludo con ella y nada más.
