Diario de un seductor
Diario de un seductor Este es el momento más hermoso en la vida de una muchacha; y aquel que quiera gozarlo, debe colocarse cuanto más posible por encima de la situación, para no ser sólo neófito, sino también el sacerdote. Un relámpago de ironÃa convierte el segundo de estos momentos en uno de los más interesantes, porque es como desnudarse espiritualmente. Es preciso tener en sà mismo toda la poesÃa necesaria para no perturbar esa desnudez, pero el ojo irónico debe estar siempre alerta.
Hace mucho que advertà que ella es altiva. Habla poco cuando está con las tres Jansen, pues su charla la aburre, como puede advertirse por cierta sonrisa de sus labios. Y yo reflexiono acerca de esta sonrisa. En cambio, en alguna otra ocasión, con gran sorpresa de las Jansen, puede resultar infantilmente desenfrenada. No me extraña que le moleste el alboroto de los gansos cuando recuerdo lo que me contaron de su infancia. Con su padre y su hermano, Cordelia se encontró tan sólo en momentos muy serios de su existencia. Sus padres no tuvieron una vida dichosa ya ella no le sonrió todo aquello que siempre sonde a una jovencita. Puede que ni siquiera sepa lo que es la adolescencia. Puede que, en ocasiones, desee ser hombre.
