Diario de un seductor
Diario de un seductor Quizás ella haya ya experimentado por completo un aspecto de la vida interesante; por lo menos, puede creerse por su solitario tenor de vida. Ahora es preciso buscar en el otro aspecto algo que en el primer momento no parezca demasiado interesante pero que, por esta misma causa, lo sea más tarde. Para eso elijo algo que no sea poético, sino prosaico. Al principio, su femineidad está neutralizada a través de una prosaica inteligencia y de la ironÃa, y no directa, sino indirectamente, sobre todo a través de lo neutral absoluto: el espÃritu. De ese modo, ella casi llega a perder su femineidad, pero en esa situación no puede permanecer sola y, entonces, se echa en mis brazos: pero no en brazos de un enamorado, sino como de un ser aún totalmente neutral. En ese momento, se despierta de nuevo su femineidad, que, por mediación mÃa, ha de elevarse hasta el punto máximo de tensión y chocar contra esta o aquella autoridad, alcanzando asà una altura casi sobrehumana Cordelia, entonces, me pertenecerá con todo el ardor de su pasión.
No tuve que ir muy lejos para hallar lo que estaba buscando. Cordelia frecuenta la casa de Baseter, un comerciante al por mayor. Allà se me apareció Eduard, el hijo del mercader, tal como si lo hubiese llamado: está ciego de amor por ella; no es preciso ser un lince para darse cuenta.
