El concepto de la angustia
El concepto de la angustia Por lo tanto, la pecaminosidad no es la sensibilidad[12] De ninguna manera; pero sin el pecado ninguna sexualidad, y sin la sexualidad ninguna historia. Un espÃritu perfecto no tiene ni la una ni la otra. Ésta es la razón de que la diferencia sexual quede abolida con la resurrección de la carne; y por esa misma razón no tienen historia los ángeles. Aunque el arcángel San Miguel hubiese consignado todas las hazañas en las que estuvo presente como mensajero de Dios, incluso llevándolas a cabo…, sin embargo, hemos de afirmar que todo eso no serÃa su historia. Sólo con la sexualidad está puesta la sÃntesis en cuanto contradicción, pero también —cosa que acontece con todas las contradicciones— como tarea cuya historia comienza en el mismo momento. Ésta es la realidad, que viene precedida por la posibilidad de la libertad. Por cierto que esta posibilidad no consiste en poder elegir lo bueno o lo malo. Semejante desatino no tiene nada que ver ni con la Sagrada Escritura ni con la verdadera filosofÃa. La posibilidad de la libertad consiste en que se puede. En un sistema lógico es demasiado fácil decir que la posibilidad pasa a ser la realidad. En cambio, en la misma realidad ya no es tan fácil y necesitamos echar mano de una categorÃa intermedia. Esta categorÃa es la angustia, la cual está tan lejos de explicar el salto cualitativo como de justificarlo éticamente. La angustia no es una categorÃa de la necesidad, pero tampoco lo es de la libertad. La angustia es una libertad trabada, donde la libertad no es libre en sà misma, sino que está trabada, aunque no trabada por la necesidad, mas por sà misma. No habrÃa ninguna angustia si el pecado hubiese venido al mundo por necesidad —lo que es una contradicción—. Ni tampoco la habrÃa si el pecado hubiera entrado al mundo mediante el acto de un liberum arbitrium abstracto —el cual no ha existido nunca en el mundo, ni al principio ni después, puesto que no es más que una absurdidad de la mente—. Es una insensatez el que se pretenda explicar lógicamente el ingreso del pecado en el mundo. Esta insensatez solamente les puede caber en la cabeza a los que de una manera ridÃcula se despepitan por conseguir una explicación.