El concepto de la angustia
El concepto de la angustia El que la angustia sea más refleja en el individuo posterior como consecuencia de su participación en la historia de la especie —historia comparable con un hábito, que indudablemente equivale a una segunda naturaleza en nosotros, pero que a pesar de todo no es una nueva cualidad, sino solamente un progreso cuantitativo— es un hecho que dimana de que la misma angustia entre ahora en el mundo con un segundo significado, además del que ya tenÃa. El pecado apareció en medio de la angustia, pero también nos trajo una angustia consigo. Porque la realidad del pecado es tal que no tiene consistencia. De un lado, la continuidad del pecado es aquella posibilidad que causa angustias; de otro, la posibilidad de una salvación es a su turno una nada que el individuo ama y teme al mismo tiempo, ya que siempre es ésta la relación que media entre la posibilidad y la individualidad. Esta angustia sólo queda superada en el momento en que la salvación sea realmente establecida. La nostalgia del hombre y de la criatura no es —según se ha solido afirmar con no poco sentimentalismo— un dulce anhelo. Para esto serÃa necesario que el pecado estuviese desarmado del todo. Sin duda que me darán la razón en lo que estoy diciendo todos aquellos que intenten situarse de verdad en el estado de pecado, al mismo tiempo que toman nota del modo de manifestarse en sus almas la correspondiente esperanza de salvación. Por cierto que todos éstos se sentirán bastante cohibidos ante el desparpajo estético de semejante sentimentalismo. Pues, mientras sólo hablemos de esperanzas, el pecado seguirá conservando la hegemonÃa dentro del hombre y no podrá por menos de mirar con malos ojos todo lo que se refiera a la esperanza —de esto trataremos más adelante—. Baste decir ahora que cuando la salvación queda establecida, la angustia pasa a ocupar un puesto de retaguardia, lo mismo que la posibilidad. Esto no significa que la angustia quede aniquilada, al revés, si se la utiliza rectamente, entonces empieza a hacer un nuevo papel[i].