El concepto de la angustia
El concepto de la angustia Cuando, asà las cosas, en la Dogmática se llama fe a lo inmediato, sin recurrir a ninguna otra definición más aproximativa, entonces se logra la ventaja de poder convencer a todo el mundo de la no necesidad de mantenerse en la fe. Incluso se logra que el mismo creyente auténtico dé por buena esa conclusión, quizá porque no ha visto de pronto la falsedad que hay en todo ello y que propiamente no se debe a consideraciones ulteriores, sino a aquel mismo error de principio[2]. Por su parte, la pérdida que ello implica es evidente, ya que de este modo se le quita a la fe lo que legÃtimamente le pertenece, es decir, sus presupuestos históricos. También pierde la Dogmática, puesto que asà no se le permite empezar por su verdadero comienzo, es decir, dentro de un comienzo previo, anterior a ella misma. De esta manera la Dogmática, en vez de presuponer un comienzo previo, no hace más que echarlo en olvido y empezar de buenas a primeras como si tal punto de partida fuera la misma Lógica. Y ya se sabe, la Lógica comienza cabalmente con el producto más escurridizo de la más fina de todas las abstracciones, a saber, con lo inmediato. Aunque lógicamente correcta, esta abolición automática de lo inmediato constituye dentro de la Dogmática una pura cháchara…, pues ¿a quién se le iba a ocurrir que su voluntad se mantuviera firme junto a lo inmediato —sin ninguna otra definición más aproximativa— una vez que quedaba abolido en el mismÃsimo momento de mencionarlo? Exactamente lo mismo que el sonámbulo se despierta tan pronto como alguien menciona su nombre.