La Enfermedad Mortal
La Enfermedad Mortal Para el cristiano, pues, el pecado yace en la voluntad, no en el conocimiento, y esa corrupción de la voluntad supera a la conciencia del individuo. Es esa la lógica misma; ¡sino a cada individuo le sería necesario preciso preguntarse como comenzó el pecado!
Encontramos aquí, por lo tanto, el signo del escándalo. Lo posible del escándalo es que hace falta una revelación de Dios para instruir al hombre sobre la naturaleza del pecado, sobre la profundidad de sus raíces. El hombre natural, el pagano piensa: ¡Sea! Confieso que no he comprendido todo del cielo y de la Tierra; si a la fuerza hace falta una revelación que ella nos explique las cosas celestes; pero que haga falta una para explicarnos que es el pecado, he aquí el peor absurdo. No me presento como la perfección, lejos de ello, pero puesto que sé y estoy pronto a confesar todo lo que me separa de ella, como no sabré yo lo qué es el pecado. A lo cual responde el cristianismo: Pero, no; he aquí lo que sabes menos: tu distancia de la perfección y qué es el pecado. Es pues una verdad cristiana que el pecado es ignorancia, la ignorancia de su propia naturaleza.
La definición del pecado dada en el capitulo precedente debe pues completarse todavía así: después que una revelación de Dios nos ha explicado su naturaleza, el pecado es, en presencia de Dios, la desesperación en la cual no se quiere ser uno mismo o la desesperación en la que se quiere serlo.