La Enfermedad Mortal
La Enfermedad Mortal Y sin embargo, el hecho, pero sólo en un sentido, es completamente exacto. Aunque instruido por una revelación de Dios acerca de lo que es el pecado, cuando desesperado, en presencia de Dios, no se quiere ser uno mismo o se quiere serlo, se es un pecador… y claro está no se ve con frecuencia de que un hombre está tan avanzado, sea tan transparente para sà mismo, que pueda aplicarse la fórmula. ¿Pero qué se deduce de esto? El punto merece atención, pues aquà nos encontramos en un viraje dialéctico. Del hecho de que un hombre no esté más que mediocremente desesperado, en efecto, no se deducÃa que no lo estuviese en absoluto. Por el contrario; y hemos mostrado a la inmensa mayorÃa de los hombres en la desesperación, pero en un grado inferior. Pero tampoco ningún mérito está ligado a un grado superior. A los ojos del esteta, por el contrario, es una ventaja, pues sólo la fuerza le interesa; pero para la ética, un grado superior de desesperación aleja más de la salvación que un grado inferior.
Y lo mismo sucede con el pecado. La vida de la mayorÃa de los hombres, considerándola en una indiferencia dialéctica, está tan alejada del bien (la fe) que es casi demasiado espiritual para llamarse pecado, incluso casi demasiado para llamarse desesperación.