La Enfermedad Mortal
La Enfermedad Mortal Pero digámoslo, y sin mascar las palabras, esta sedicente sociedad cristiana (en la cual, por millones, las gentes son sin esfuerzo ninguno cristianos, de manera que se cuentan tantos, exactamente tantos cristianos como nacimientos) no es sólo una lastimosa edición del cristianismo acribillado de conchas extravagantes y de olvidos o dilaciones ineptos, es también un abuso: ella lo profana. Si en un pequeño país acaso nacen tres poetas por generación, no son los pastores los que escasean y su tropa desborda en los empleos. A propósito de un poeta se habla de vocación, pero para ser pastor a los ojos de una multitud de gente (¡por tanto de cristianos!) basta con el examen. Y sin embargo, un verdadero pastor es un azar aún más raro que un verdadero poeta, y, sin embargo, esa palabra vocación es originariamente de índole religiosa. Pero si se trata de ser poeta, la sociedad no persiste menos en tener en cuenta la vocación, en ver en ella grandeza. Por el contrario, ser pastor para la multitud de los hombres (¡por lo tanto de cristianos!) desprovistos de toda idea que eleve, sin el menor misterio in puris naturalibus, es ser un ganapán. Vocación equivale a curato; se habla de obtener una vocación; pero de tener vocación… ¡Y bien! ¿No se habla también de día cuando se dice que el ministerio tiene una vocación vacante?