La Enfermedad Mortal
La Enfermedad Mortal Desesperar de algo no es, pues, todavía, la verdadera desesperación; es su comienzo; se incuba, como dicen los médicos de una enfermedad. Luego se declara la desesperación: se desespera de uno mismo. Observad a una muchacha desesperada de amor, es decir de la pérdida de su amigo, muerto o esfumado. Esta pérdida no es desesperación declarada, sino que ella desespera de sí misma. Ese yo, del cual se habría librado, que ella habría perdido del modo más delicioso si se hubiese convertido en bien del otro, ahora hace su pesadumbre, puesto que debe ser su yo sin el otro. Ese yo que habría sido su tesoro —y por lo demás también—, en otro sentido, habría estado desesperado ahora le resulta un vacío abominable, cuando el otro está muerto, o como una repugnancia, puesto que le recuerda el abandono. Tratad, pues, de decirle: Hija mía, te destruyes, y escucharéis su respuesta: ¡Ay, no! Precisamente mi dolor está en que no puedo conseguirlo.