El Libro de la selva
El Libro de la selva El chico podÃa trepar a los árboles tan bien como podÃa nadar y nadar casi tan bien como podÃa correr. Asà que Baloo le enseñó las leyes del bosque y de las aguas: cómo distinguir una rama podrida de una sana, cómo hablar cortésmente a las abejas cuando se acercara a una colmena a quince pies del suelo; cómo avisar a las serpientes de agua antes de zambullirse en las charcas donde ellas estaban… A ninguna criatura de la jungla le gusta que la molesten y todas están dispuestas a atacar a un intruso. Mowgli también aprendió la Llamada del Cazador Desconocido, que tiene que ser repetida siempre que cualquiera de la selva se encuentre cazando fuera de su territorio. Esta viene a decir: «Déjame que cace aquà porque tengo hambre». Y la respuesta es: «Caza para lograr comida, pero no por placer».
—Ahora le estoy enseñando —dijo Baloo a Bagheera muy convencido— las Palabras Clave de la Selva, que lo protegerán contra los pájaros, las serpientes y todos los que cazan a cuatro patas, excepto los de su propia especie. Con ellas podrá pedir ayuda a todos los seres que habitan en la jungla. Voy a llamarlo y que te las diga. Ven, Hermanito.
—¡Bueno! —le rogó la pantera, que hubiera malcriado a Mowgli si la hubieran dejado—. Pero no seas demasiado duro con él; recuerda lo pequeño que es. ¿Cómo puede su cabecita guardar toda esta verborrea?