Malleus Maleficarum
Malleus Maleficarum A primera vista podría parecer, en verdad, que no concuerda con la fe católica afirmar que los niños pueden ser engendrada por demonios, es decir, por íncubos y súcubos: pues Dios mismo antes que el pecado llegase al mundo, instituyó la procreación humana, pues creó a la mujer de la costilla del hombre para ser la compañera del hambre: «Y a ellos les dijo creced y multiplicaos», Génesis, 1, 28. Y Adán, inspirado por Dios, dijo: «Serán dos en una sola carne», Génesis, a, 24. Del mismo modo, luego que el pecado llegó al mundo, se le dijo a Noé: «Fructificad y multiplicaos», Génesis, 9, 1. Cristo confirmó esa unión, también en la época de la nueva ley: «¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo?», San Mateo, 19, 4. Por lo tanto, los hombres no pueden ser engendrados de ninguna manera que no sea esa.
Pero puede argumentarse que los demonios tienen su papel en esa gestación, no como causa esencial, sino como causa secundaria y artificial, para que se ocupan de entrometerse en el proceso de la copulación y la concepción normales, pues obtienen semen humano y ellos mismos lo trasladan.