Jettatore
Jettatore PEPITO.— ¿A mí? ¡Muy mal! ¡Con una guiña bárbara!
LUCÍA.— ¿Le ha ocurrido alguna cosa desagradable?
PEPITO.— ¡Pero muchísimas! He estado preso… Con eso les digo todo.
ELVIRA.— ¿Preso? ¿Y por qué?
CARLOS.— A ver… cuente…
PEPITO.— Ahora que no está la señora, se puede decir… Hace pocas noches, me llevó un amigo a una ruleta muy buena que había en la calle Venezuela.
LUCÍA.— ¡Qué escándalo!
PEPITO.— ¿Y qué tiene? Vaya, si empiezan a escandalizarse por tan poco… no les cuento nada…
CARLOS.— No, Pepito, siga, no haga caso.
LEONOR.— Continúe, Pepito.
PEPITO.— Bueno, voy y de entrada nomás me encuentro con un «jettatore»; es decir… hasta entonces yo sólo tenía sospechas de que fuese «jettatore»…
ELVIRA.— ¿Y en qué le parecía?
PEPITO.— En los ojos, en el pelo lustroso, en lo amable, ¡qué sé yo! En lo que se conoce a los «jettatores»…
LEONOR.— No le interrumpan. Continúe, Pepito… y ¿qué más?