Jettatore
Jettatore PEPITO.— ResultĂł que era oficial de policĂa… EntrĂł a proceder enseguida… y el primero que agarrĂł, fui yo… (Risas).
LUCÍA.— Y ¿lo llevaron?
PEPITO.— ¡Ya lo creo que me llevaron! Y eso no fue lo peor. ¡El hombre no querĂa despuĂ©s soltarme, ni aun pagando la multa!
CARLOS.— ¿Por qué?
PEPITO.— Porque aseguraba que yo debĂa de ser socio de la casa, que me habĂa estado viendo jugar y que no era posible que nadie jugara asĂ… ¡Pretextos y nada más! ¡De pura rabia que me tienen los «jettatores»!
ELVIRA.— Y entonces, ¿qué hizo? (Se siente la voz de doña Camila).
LEONOR.— ¡Silencio! ¡Ahà viene la señora!
DOĂ‘A CAMILA.— (Se levantan todos). Ya va en viaje el pobre Juan. ¡QuiĂ©n sabe quĂ© noche le hará, con tanto frĂo!…
PEPITO.— La noche no es nada… lo malo es el dĂa…
CARLOS.— ÂżCĂłmo… el dĂa?
PEPITO.— ¡Martes, pues!
LEONOR.— ¡Ay, es verdad! No nos habĂamos fijado.
LUCÍA.— Es cierto.