Jettatore
Jettatore ELVIRA.— Buenas noches, don Lucas. No habíamos venido antes por no saber que estaba usted aquí.
DON LUCAS.— (Dándole la mano). Tanto gusto, Elvirita. ¿A que si se tratara de otra persona que yo conozco, lo hubiera adivinado usted? ¿A que sí?
ELVIRA.— Se equivoca. Lo mismo sería.
DON LUCAS.— Eso sí que no lo creo. (La mano). Buenas noches, Lucía…
LUCÍA.— Mamá… mamá… no sé lo que tengo, siento un mareo muy raro.
DOÑA CAMILA.— ¿Qué dices? (Don Lucas se acerca; Lucía, al verlo, da un grito).
LUCÍA.— ¡No me toque, don Lucas! ¿Qué tiene usted en las manos? ¡Parecen de fuego! ¡Me ha quemado usted al tocarme!
DON LUCAS.— ¡¡Yo!!
DOÑA CAMILA.— Pero hija, ¿qué te pasa?
ELVIRA.— ¿Qué sientes, Lucía?
LUCÍA.— No sé… algo muy extraño… ¡Ay! ¡La habitación da vuelta a mi alrededor!… ¡Yo me muero!
DOÑA CAMILA.— (Sosteniéndola). ¡Qué es esto, Dios mío! ¡Pronto, un médico! ¡Llame usted, don Lucas! ¡Corre, Elvira! ¡Que traigan un médico! (Don Lucas toca un timbre que está sobre la mesa, el cual no suena).
DON LUCAS.— ¡Se ha descompuesto!