Jettatore
Jettatore DON JUAN.— (Se levantan todos). ¿Se fue don Lucas? ¿Cómo te va, Rufo? ¡Vaya! ¡Se acabó! Ahà sale tu Pepito a quien por poco he tenido que darle una lección. ¡Es un ridÃculo insoportable!
DOÑA CAMILA.— Pero, Juan… ¡fijate en lo que dices, por favor!
DON JUAN.— Y ¿qué quieres que yo le haga? ¡Ella tiene la culpa por haber puesto los ojos en un tilingo como es el tal Pepito! ¡Se necesita ancheta! ¡Pretender que le cerrara las puertas de mi casa a don Lucas a tÃtulo de que él tiene miedo! ¿Se ha visto nunca cosa igual? ¡Si es de no creerse! (Se pasea).
DOÑA CAMILA.— ¡Qué disgusto tan grande, Dios mÃo!
DON JUAN.— ¡Pero qué imbécil, señor, qué imbécil! ¡Parece mentira! Cuando le contesté que no sólo continuarÃa don Lucas siendo recibido en esta casa, sino que lo destinaba para marido de mi hija, tuvo la insolencia de decirme: «¡Pues yo renuncio a pertenecer a una familia que está condenada a convertirse en un semillero de «jettatorcitos»!». Te aseguro que no sé cómo me contuve y no le tiré una silla por la cabeza. (Pasea. LucÃa hace mutis y Leonor medio mutis). ¡Oh! En todo esto veo patente la mano de Carlos y hará bien ese tarambana en no ponerse más en mi presencia. (Entra Carlos).
DON RUFO.— (A Leonor). ¿Qué quiere decir eso?