Tao Te King
Tao Te King Aunque la Vida, en su manifestación suprema, siempre aparece individualizada, el individuo no es más que un recipiente hecho para contener el TAO. El individuo no se exige nada, ni siquiera se conoce a sí mismo, no actúa, no tiene finalidades ni intenciones, y precisamente por eso, vive. Donde esta inconsciencia se halla enturbiada, comienza un descenso escalonado hacia el amor al prójimo, que tampoco tiene finalidades y no quiere nada, pero que actúa e influye; después viene la justicia, la cual, tiene finalidades y obra según el principio: «Yo te doy para que tú me des también», y finalmente, se acaba en las buenas costumbres, en la moral que actúa, que amenaza con los brazos y te arrastra cuando no le respondes. Lo mismo ocurre con las personas que se corresponden con estos niveles. Los de abajo apenas saben que existen los de arriba, aman a los siguientes, temen a los subsiguientes y aborrecen a los últimos.
La Vida no necesita aspirar al reconocimiento. Es reconocida por sí sola, porque engendra, nutre, multiplica, cuida, realiza, mantiene y ampara a todos los seres. Genera sin poseer, obra sin retener, da aliciente sin dominar, en esto consiste su misterio.