Wen-tzu
Wen-tzu Quienes saben suficiente para disminuir la importancia del yo y considerar la ligereza del mundo están próximos al Camino. Por ello he dicho: «Alcanzando el extremo del vacío, conservando la calma definitiva, mientras millones de seres actúan en concierto, de ahí observo el retorno».
El Camino moldea a miríadas de seres, pero continúa sin tener forma. Silencioso e inmóvil, abarca totalmente lo desconocido indiferenciado. Ninguna vastedad es suficientemente grande para estar fuera de él, ninguna cosa diminuta es suficientemente pequeña para estar dentro de él. Carece de morada, pero da origen a todos los nombres de lo que existe y de lo que no existe.
Las verdaderas personas lo encarnan a través del vacío abierto, facilidad ecuánime, inteligencia clara, flexibilidad elástica, pureza no adulterada y simplicidad llana, sin enredarse en las cosas. Su virtud perfecta es el Camino del cielo y de la tierra, por ello son llamadas verdaderas personas.
Las verdaderas personas saben cómo disminuir la grandeza del yo y la pequeñez del mundo; estiman el autogobierno y desdeñan gobernar a los demás. No permiten que las cosas perturben su armonía, no dejan que sus deseos molesten sus sentimientos. Ocultando sus nombres, se esconden cuando el Camino está en acción y aparecen cuando no lo está. Actúan sin argucias, trabajan sin esfuerzo y saben sin intelectualizar.