Figaro
Figaro ExcĂşsase al principio; pero si habĂa de comer solo… un amigo a quien esperaba no viene.
—Vaya comeré con ustedes —dice por fin y se sienta.
¡Cuán ajenos estaban sus convidadores de creer que habĂan de comer con Ă©l! El sin embargo, sabĂa desde la vĂspera que habĂa de comer con ellos: los oyĂł convenir en la hora, y es hombre que come los más dĂas de oĂdas, y algunos por haber oĂdo.
ÂżQuĂ© pareja es la que sin mirar a un lado ni a otro pide un cuarto al mozo y…? Pero es preciso marcharnos, mi amigo y yo hemos concluido de comer: cierta curiosidad nos lleva a pasar por delante de la puerta entornada donde ha entrado a comer sin testigos aquel obscuro matrimonio… sin duda… Una pequeña parada que hacemos alarma a los que no quieren ser oĂdos, y un portazo dado con todo el amor propio de un misántropo nos advierte nuestra indiscreciĂłn y nuestra impertinencia.
—Paciencia —salgo diciendo—; todo no se puede observar en este mundo; algo ha de quedar obscuro en un cuadro: sea esto lo que quede en negro en este artĂculo de costumbres de la Revista Española.