Figaro
Figaro —Nada; entro en la sala; paso al gabinete; vuelvo a la sala; entro al ecarté; vuelvo a entrar en la sala; vuelvo a salir al gabinete; vuelvo a entrar en el ecarté…
—¿Y luego?
—Luego a casa, y ¡buenas noches!
Ésta es la vida que de sà me contó mi amigo. Después de leerla y de releerla, figurándome que no he ofendido a nadie, y que a nadie retrato en ella, e inclinándome casi a creer que por ésta no tendré ningún desafÃo, aunque necios conozco yo para todo, trasládola a la consideración de los que tienen apego a la vida.