Figaro
Figaro —Adiós, hasta la vuelta, tantas cosas a Pepe: envÃame el papel que se ha olvidado, que escribas en llegando.
—Buen viaje.
Por fin suena el agudo rechinido del látigo, la mole inmensa se conmueve, y estremeciendo el empedrado, se emprende el viaje, semejante en la calle a una casa que se desprendiese de las demás con todos sus trastos e inquilinos a buscar otra ciudad en donde empotrarse de nuevo.