Figaro
Figaro Dejemos aparte las causas y concausas felices o desgraciadas que de vicisitud en vicisitud me han conducido al auge de periodista; lo uno porque al público no le importarán probablemente, y lo otro, porque a mà mismo podrÃa serme acaso más difÃcil de lo que a primera vista parece el designarlas. El hecho es que me acosté una noche autor de folletos y de comedias ajenas, y amanecà periodista: mireme de alto abajo, sorteando un espejo que a la sazón tenÃa, no tan grande como mi persona, que es hacer el elogio de su pequeñez, y dime a escudriñar detenidamente si alguna alteración notable se habrÃa verificado en mi fÃsico; pero por fortuna eché de ver que como no fuese en la parte moral, lo que es en la exterior y palpable, tan persona es un periodista como un autor de folletos.
—Ya soy redactor —exclamé alborozado—, y echeme a fraguar artÃculos, bien determinado a triturar en el mortero de mi crÃtica cuanto malandrÃn literario me saliese al camino en territorio de mi jurisdicción.