Figaro
Figaro Aquí se arrojó don Cándido en mis brazos; y tomando la mano a Tomasito:
—Ya se ve que dice bien el señor; ¡llega, hijo mío —le decía—, y da las gracias a tu protector; ya lo ves, nada necesitas saber más de lo que sabes ya!, ¡qué fortuna, señor Fígaro!, ¡ya tiene hecha mi hijo su carrera! Folletos, comedias, novelas, traducciones… ¡y todo con sólo saber francés! ¡Oh francés, francés! ¡Ah! ¿Y periódicos? ¿No es verdad, señor Fígaro, que también ha dicho usted periódicos?
—Sí, amigo mío, lo he dicho —concluí conduciéndolo hasta la puerta y despidiéndolos—; pero le aconsejaría de buena gana que en eso de los periódicos no se fijase mucho, porque ya sabe usted que aquí no los hay siempre…
—Sí, es verdad, es una casualidad el haberlos.
—Así, lo mejor será que se atenga a mis demás consejos. Ése es el camino.