Figaro
Figaro He aquí las reflexiones que teníamos presentes al sentar en el papel el titulillo de este artículo. Nadie nos negará que la palabra por quiere decir poco cuando va sola; pues de la palabra ahora, no decimos nada. He aquí, pues, dos palabras excelentes, y combínense como se combinen. Júntese el por con el que, y resultará el porque. Siempre se ha dicho que el por qué de las cosas es inaveriguable; por consiguiente, no quiere decir nada. Póngase el ahora en oración, y digamos, por ejemplo: «¿Qué hay ahora? ¿Qué se hace ahora?». Nada. Ambas son, pues, palabras nulas, y buenas, por consiguiente. Combínense ahora juntas, y digamos: por ahora, y se verá el efecto peregrino de la suma de todas las nulidades.
Pocas palabras hay tan buenas, tan útiles en el día, tan en boga; pocas palabras buenas que puedan tan fácilmente convertirse en buenas palabras. ¿A qué nos contesta usted con el por ahora? Es la espada de Alejandro, que corta todo nudo gordiano; es la panacea universal que templa todos los dolores. Buena jornada habíamos echado, si no pudiéramos contestar a todo: por ahora.