Figaro
Figaro ¡Cuánta serenidad, pues, en menos de un año, para ocuparse en apuros de la patria hasta de los más pequeños dimes y diretes! ¡Cuánta conversación! TemÃstocles le decÃa a su general: ¡Pega, pero escucha! Cada uno de nuestros oradores es un TemÃstocles; con tal que le dejen hablar, él le dirá también a la guerra civil, al pretendiente, a toda calamidad: Pega, pero escucha. ¿Qué más cosas querÃan ver esas gentes, qué más, sobre todo, querÃan oÃr en poco menos de un año?
—No hay previsión —me decÃa uno dÃas pasados.
—¡No hay previsión! —exclamé—. Esto ya es mala fe. Y todo ¿por qué? Porque han sucedido cuatro lances desgraciados, que a pesar de haberse sabido no se pudieron prevenir. Pero esto ¿qué importa? A buen seguro que en cuanto acabó de suceder lo de Correos, bien se puso un centinela avanzada en medio de la Puerta del Sol, que antes no le habÃa; el cual se está allà las horas muertas, viendo si viene algo por la calle de Alcalá. ¡Que vuelvan ahora los del 18! ¿Y no hay previsión?