El diario de Tita
El diario de Tita Querido diario:
No sé cuánto más pueda soportarlo.
Mamá Elena sigue tratándome como un objeto, como si no tuviera alma, como si mis deseos no valieran nada. Pero dentro de mÃ, algo ha cambiado. Lo sentà cuando Pedro me tomó de la mano aquella noche. Lo sentà cuando sus labios rozaron mi piel, apenas un susurro de lo que podrÃa ser.
La cocina se ha convertido en mi refugio y en mi arma. Hoy preparé codornices en pétalos de rosa. Usé las rosas que Pedro me regaló en secreto, y cuando el platillo estuvo listo y lo llevé a la mesa, algo extraño ocurrió.
Gertrudis, que habÃa vuelto en secreto, tomó un bocado y su cuerpo reaccionó de inmediato. Sus mejillas se encendieron, su respiración se volvió entrecortada, y antes de que pudiéramos entender qué pasaba, se levantó de la mesa y salió corriendo.
Por la ventana, la vi montarse a caballo con un revolucionario, su piel desnuda brillando bajo la luna.
Mamá Elena gritó su nombre con furia, pero fue inútil.
Gertrudis era libre.
Hoy Mamá Elena encontró a Pedro hablándome en la cocina. No hicimos nada, ni siquiera nos tocamos, pero eso no importó.
