El diario de Tita
El diario de Tita Esa noche, cuando Pedro y Rosaura dormÃan, lo escuché gritar. Corrà a su cuarto y lo encontré en el suelo, retorciéndose de dolor. Mamá Elena estaba en la puerta, mirándolo con frialdad.
—En esta casa, las reglas se respetan —dijo, antes de darse la vuelta y marcharse.
Pedro estuvo a punto de morir. Dicen que fue una "indigestión". Yo sé que no.
Mamá Elena lo envenenó.
No puedo más.
Hoy le grité a Mamá Elena por primera vez en mi vida. No recuerdo exactamente qué dije, solo sé que, por un instante, supe lo que era la libertad.
Ella no lo soportó. Tomó un garrote y me golpeó hasta que caà al suelo.
—No me mires con esos ojos de loca —susurró.
Y ahà lo supe.
Yo ya no le pertenezco.
Querido diario:
Mamá Elena ha muerto.
No me lo creo. No me lo creo. No me lo creo.
Hace unas semanas, unos bandidos entraron a la casa. Se llevaron lo que quisieron, pero no pudieron con ella. Mamá Elena los enfrentó con la misma fiereza con la que me habÃa enfrentado toda la vida. Salió ilesa. Pero algo dentro de ella se quebró.
