El diario de Tita
El diario de Tita Desde entonces, dejó de comer. Su cuerpo se fue apagando poco a poco.
Hoy, al amanecer, Nacha me despertó con la noticia.
—Tu madre ha muerto, niña.
Fui a su cuarto. Su cuerpo estaba rÃgido, su rostro aún torcido por la amargura. Pero ahÃ, en su buró, encontré un frasco. Lo olÃ. Veneno.
Se lo hizo a sà misma.
No sé qué sentir. No sé si llorar o reÃr.
Solo sé que por primera vez en mi vida… respiro.
Soy libre.
Pedro y yo hemos estado juntos. Por primera vez, sin miedo, sin sombras, sin cadenas.
Esta noche, mientras la casa dormÃa, él vino a mi cuarto. No hablamos. No era necesario.
Sus labios encontraron los mÃos. Su piel encendió la mÃa. Y entonces, todo lo que nos habÃan robado durante años explotó en un solo instante.
Cuando nuestros cuerpos se unieron, sentà que el universo entero cabÃa en ese momento. Que toda la espera, todo el dolor, todo el sufrimiento, nos habÃa llevado hasta aquÃ.
Pedro susurró mi nombre, y supe que nunca volverÃamos a estar separados.